
¿Puede la IA ocupar el lugar de tu compañero de equipo?
¿Puede la IA ocupar el lugar de tu compañero de equipo?
La inteligencia artificial dejó de ser un tema exclusivo de especialistas para formar parte del día a día del trabajo del conocimiento. Pero más allá del hype, hay una pregunta que todavía no tiene respuesta definitiva: ¿cómo impacta realmente la IA en la dinámica de los equipos humanos?
Escrito por Marcela Boragina
Un estudio reciente de Harvard Business School y Procter & Gamble aporta evidencia concreta para empezar a pensar esa respuesta. En un experimento con más de 700 profesionales, se compararon distintas formas de encarar un mismo desafío de innovación: de forma individual, en equipos, con IA y sin IA. Lo que encontraron no es una conclusión cerrada, pero sí un dato clave para las organizaciones: la IA generativa no solo mejora el rendimiento individual, sino que empieza a cumplir funciones que hasta ahora considerábamos exclusivamente humanas.
Sobre el experimento
Durante una jornada intensiva, profesionales de áreas técnicas y comerciales participaron de un experimento de campo que los desafió a resolver problemas reales del día a día. La tarea fue sencilla: proponer ideas de nuevos productos a desarrollar.
El diseño fue simple pero revelador: algunas personas trabajaron solas, otras en duplas interdisciplinarias; algunas con IA generativa, otras sin. El objetivo era evaluar cómo cambia la dinámica de colaboración, la calidad de las soluciones y la experiencia emocional del trabajo cuando se incorpora una IA como apoyo. Las condiciones fueron controladas, pero el contexto era real: los desafíos propuestos eran parte de las necesidades concretas del negocio.
Pensar con IA puede ser tan efectivo como pensar con otro humano
Una de las premisas clásicas del trabajo en equipo es que dos cabezas piensan mejor que una. Sin embargo, uno de los hallazgos más contundentes del estudio fue que las personas que trabajaron solas con IA generativa produjeron soluciones de calidad equivalente —y en menor tiempo— que aquellas generadas por duplas humanas sin IA. La IA no sólo ayudó a organizar ideas, sino también a expandirlas, diversificarlas y darles estructura en función de los objetivos del desafío.
Esto no significa que el trabajo colectivo pierda sentido. Pero sí nos obliga a revisar qué entendemos por colaboración. ¿Es compartir un espacio? ¿Intercambiar ideas? ¿Resolver en conjunto lo que no se puede resolver en soledad? ¿Y qué pasa si una IA puede aportar también en ese proceso?
El valor del equipo no está en su número, sino en su diseño. Y si una IA puede actuar como una extensión que aporta, desafía y acompaña, tal vez el rendimiento ya no dependa de cuántas personas estén sentadas en la mesa, sino de cómo se construyen los vínculos de pensamiento entre quienes participan —sean humanos o no.
Integración de saberes, mejores propuestas
Otro dato revelador fue cómo la IA modificó el tipo de ideas generadas según el perfil de los participantes. Sin IA, los profesionales de áreas técnicas propusieron soluciones más técnicas pero con poca viabilidad de mercado; mientras que los perfiles comerciales, soluciones más orientadas al mercado pero con poca viabilidad técnica (algo esperable en ambos extremos). Sin embargo, al introducir IA, esa distinción se diluyó: las ideas se volvieron más híbridas, combinando elementos técnicos, comerciales y de experiencia con mayor naturalidad.
En este sentido, la IA no reemplazó la expertise, pero sí habilitó una forma distinta de pensar: menos sectorizada, más transversal. Actuó como un mediador invisible que ayuda a integrar saberes, sin necesidad de que quienes colaboran hablen “el mismo idioma”. En un contexto donde muchas organizaciones todavía luchan contra estructuras en silo, esto representa una oportunidad para ensayar nuevas formas de cruce y complementariedad.
En otras palabras: la IA puede funcionar como un facilitador del pensamiento transversal, incluso en equipos que no comparten un mismo lenguaje profesional. Un dato especialmente relevante para organizaciones que hoy están buscando reducir silos y fomentar nuevas formas de colaboración.
Mejores resultados, menos frustración
El tercer eje, y quizás el menos esperado, tiene que ver con la experiencia emocional en el trabajo. El estudio incorporó métricas subjetivas (auto-percepción de la experiencia) que muestran que quienes trabajaron con IA se sintieron menos frustrados, más entusiasmadas y más confiadas en sus ideas. Incluso por encima de quienes trabajaron en equipos humanos sin IA.
En un contexto donde el bienestar laboral es un factor estratégico, este no es un dato menor. Entender que la IA puede funcionar como un sostén cognitivo y emocional —ayudando a estructurar ideas, resolver bloqueos o validar intuiciones— amplía su valor mucho más allá de la productividad. Trabajar con IA, en muchos casos, puede sentirse menos solitario que trabajar en soledad.
Una pregunta que vale la pena hacerse
Si bien el estudio no afirma que la IA sea mejor que un equipo humano ni pretende plantear una fórmula universal, sí demuestra que es posible pensarla como parte activa de los procesos de trabajo, no solo como una herramienta técnica o un recurso puntual.
Su impacto, entonces, no es solo tecnológico. Es organizacional, cultural y emocional. Tiene que ver con cómo diseñamos los equipos, cómo redistribuimos el conocimiento, cómo entrenamos nuevas habilidades, y cómo acompañamos a las personas en la integración de tecnologías que no solo hacen, sino que piensan.
¿Estamos dispuestos a revisar nuestras prácticas de trabajo a la luz de estas nuevas posibilidades? ¿Qué roles queremos que cumpla la IA? ¿Qué lugar le damos en nuestras decisiones, nuestras conversaciones y nuestras formas de crear valor?
En ABCOM creemos que la tecnología no define por sí sola el rumbo. Lo define el modo en que se integra, se comunica y se pone en relación con las personas. Por eso, acompañamos a organizaciones que eligen preguntarse para qué usan la IA, cómo la conectan con su cultura, y qué conversaciones necesitan habilitar para hacerlo con criterio.
👉 ¿Estás explorando el uso de IA en tu organización? ¿Querés pensar cómo integrarla a tu forma de trabajar sin perder lo que te hace único? Podemos ayudarte a diseñar procesos, conversaciones y estrategias de comunicación que acompañen esa transición con sentido. Escribinos y lo pensamos juntos.
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