Aprendemos haciendo, no caben dudas: cada experiencia nos regala un poco de sabiduría.

Cuando niños, los primeros juguetes nos brindaban información valiosa sobre lo áspero y lo suave, lo pesado y lo liviano, lo cercano y lo distante. Pero, sobre todo, nos abrían la posibilidad de conocer un mundo nuevo: cómo pueden nuestras manos manipular objetos, nuestros ojos percibir colores y nuestros oídos identificar melodías.

Más grandes, jugando con amigos, aprendimos a compartir y, bueno, también a no compartir: forjamos una personalidad e interpretamos la de los demás, en un diálogo constante con gustos e intereses propios y ajenos. Nuestra vida es un gran proceso de comunicación.

Y ya de adultos, cuando nos quisimos acordar, nos encontramos con una agenda repleta de citas, reuniones, compromisos y más compromisos. Y no percibimos que estamos dejando pasar la posibilidad que nos da el juego de conocernos mejor a nosotros mismos, a los demás y a nuestro entorno.

¿Dónde fue a parar esa capacidad de aprender jugando? Bueno, en realidad, a ningún lado. Nunca se fue, está en nuestro interior y podemos volver a disfrutarla.

¿Vale la pena incluir  en lo laboral el espacio de juego?

Creemos que sí. Y que los resultados pueden ser más que positivos. Con una adecuada estrategia de comunicación es posible capitalizar nuestras características humanas para que la gente en tu empresa encuentre espacios que posibiliten arribar a conclusiones importantes, pero por un camino distinto.

Cuando gestionamos un encuentro lúdico con un objetivo bien determinado, facilitamos los diálogos generando encuentros. Todas las personas de la empresa son responsables de la comunicación, y los líderes aún más. Y como tales, recorren un aprendizaje continuo en el cual ponen en juego sus habilidades como gestores emocionales.

El juego nos entusiasma, nos moviliza y nos libera de ataduras, nos propone una situación que nos conecta con fibras sensibles que fluyen en libertad. Si combinamos una consigna desafiante, mucho de trabajo en equipo y una pizca de competencia…

El desafío de gestionar estas estrategias de comunicación no descansa plácidamente en hacer que el mensaje llegue. Eso es fácil. El apasionante proceso de la comunicación no se agota en lo dicho o en lo hecho, apenas allí comienza la maravillosa construcción.

El gran objetivo es hacer que los protagonistas crean en el mensaje porque lo han descubierto por sí mismos.

Algunos tips para tener en cuenta:

1- Crear el clima: procurar el espacio adecuado y comunicar claramente los objetivos;

2-Disminuir la improvisación: La actividad lúdica, el juego, busca un objetivo claro, por lo tanto requiere de una mirada estratégica;

3-Respetar las personalidades de los participantes: la idea es incluir, fomentando la comunicación entre todos, ¡incluyendo excéntricos y tímidos!

4-Abordar las conclusiones de manera participativa: Es importante acompañar a los participantes en el proceso de reflexión final, procurando que puedan manifestar lo que han descubierto.

 

¿Te animás a jugar como chicos para reflexionar como grandes?

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