El mercado es dinámico. En nuestros días, muy dinámico y cambiante. Las marcas suben y bajan en la percepción de la sociedad a medida que se modifican las necesidades o intereses de los públicos.

En casi todas las empresas, las áreas de marketing están atentas a estos cambios del entorno, chequean el posicionamiento de su marca y se esfuerzan en modificar lo que sea necesario en pos de no perder oportunidades de mercado. Por esto, son imprescindibles las áreas de marketing.

Hasta ahí estamos todos de acuerdo.

El tema es que en muy pocas empresas existe un área encargada de gestionar internamente el cambio cultural necesario para acompañar esos movimientos de la marca.  Y esto es un problema.

¿Qué pasa por ejemplo si salimos a decir que nuestra marca es flexible y dinámica pero nuestros empleados tienen que realizar 14 pasos todos los días antes de poder loguearse en su computadora? ¿O si cada vez que necesitan modificar algún procedimiento deben llamar a sesión extraordinaria del consejo directivo? ¿O si para instalarse un nuevo programa deben convencer de la importancia del pedido al mismísimo papa Francisco?

Casos como estos, hay miles.

Si queremos que nuestra marca sea realmente flexible y dinámica, tenemos que fomentar una cultura interna flexible y dinámica. Y esto lleva mucho trabajo. Quizás más que detectar la oportunidad de mercado. Entonces como es obvio que toda empresa que se precie debe tener un área de marketing, debería serlo también que es imprescindible que exista un área que gestione la cultura interna. Aunque más no sea para acompañar esos movimientos del mercado.

Todos sabemos que los empleados son los primeros clientes de las empresas y actúan como sus voceros informales. Y empleados que realmente viven los valores de la marca para la que trabajan, son definitivamente mejores voceros que aquellos que ni entienden qué es lo que venden porque no se condice en lo más mínimo con su día a día. Por eso, y no sólo porque queremos empleados felices, tenemos que empezar a darle importancia a la gestión de la cultura interna. No es un trabajo accesorio, es esencial. Y redunda en beneficios hasta económicos para las empresas.

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