El gran desafío de las organizaciones tiene que ver con poder compartir información a tiempo para tomar las mejores decisiones e innovar. Para esto es fundamental generar culturas participativas, tendientes al diálogo y la interacción, con miembros que se sientan en climas de confianza y pertenencia. En relación con esto, la clave no es mostrar la innovación por sí misma como si fuera un hecho mágico. Cualquier proceso de cambio tiene que tener origen en la propia cultura, ese debe ser su punto de partida. Esto significará que son sus miembros quienes estén predispuestos a la innovación, incluso puede ser que ellos mismos hayan aportado las sugerencias e ideas que la mueven. 

Esto sucede en organizaciones que están realmente abiertas al diálogo y donde los miembros se hacen parte de ese camino. Ese es el trabajo que debe darse en los procesos de comunicación interna, poder reconocer las prácticas y modos de los equipos para potenciar su fortalecimiento y apertura. En el otro lado, podremos encontrarnos con que de nada valen los grandes planes de negocios y road maps, cuando se encuentran con un montón de dificultades y barreras en el interior mismo de la organización. 

El liderazgo, diremos, consiste en transmitir a las personas un valor y un potencial de modo tal que ellas puedan reflejarse en los mismos. Es a partir de ese reflejo que se crean las posibilidades para desarrollar ese valor, esa potencia, sobre bases sólidas. 

Existen múltiples modos de definir al liderazgo, pero en nuestra perspectiva estamos pensando en la capacidad de las personas de generar confianza. La generación de confianza contiene un alto componente comunicacional en el sentido de que las capacidades comunicativas de los líderes promueven una mayor o menor capacidad de generación de confianza en los públicos con los que se relaciona. A mayor comunicación aumentan los niveles de confianza y por lo tanto funciona como un facilitador de los procesos organizacionales. Al construir confianza, estos líderes construyen asimismo reputación pues, en efecto, al gestionar adecuadamente los vínculos de confianza con los diversos públicos de interés de la organización, en especial con su público interno, se logra incrementar el valor simbólico de la organización y, por lo tanto, se incrementa también la reputación.  En las instancias de diagnóstico resulta, entonces, fundamental analizar los estilos de liderazgo que se encuentran presentes en la organización, dado que éstos caracterizan a la cultura y nos permiten delinear estrategias de transformación acordes a las características propias de cada una.

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