Esta increíble imagen de un iceberg dado vuelta en el mar de la Antártida fue viral en los últimos días. Y entendemos por qué. Es imponente, el tamaño del hielo, el azul profundo que refleja pero lo que más llama la atención es el contraste que tiene con el resto de los icebergs completamente blancos (o con la parte de ellos que estamos acostumbrados a ver).

La foto nos sirve como excusa para hablar de comunicación interna y cultura y la frase hecha (no por eso menos válida) que dice que solo vemos 10% del iceberg mientras que el restante 90% está bajo el agua. También, gracias a la imagen viral, nos damos cuenta de que lo más interesante es lo que no llegamos a ver.

Si pensamos la comunicación interna desde un lugar estratégico, como lo hacemos en este blog, muchas de nuestras acciones van por debajo del agua, sin tanta visibilidad. Una de ellas es la de crear, sostener, aprovechar y capitalizar una red de facilitadores internos. Esto es construir vínculos con un fin concreto: construir una cultura de confianza y comunicación acorde a los valores y el propósito de la organización.

Es un trabajo con objetivos a largo plazo y privilegiando el cara a cara, las reuniones y el contacto constante para humanizar las relaciones y la comunicación de la compañía. Algo así como dejar de lado un poco del excel, el roll out de la campaña o la pieza para la cartelera/intranet (acciones que representarían el 10% visible de nuestro iceberg).

Los primeros seguidores

Para que un líder logre influir y convencer se tiene que apoyar en su equipo, en los demás. No existe una figura única capaz de persuadir a toda la compañía. Por eso, sus esfuerzos para construir cultura deben estar enfocados en los primeros seguidores. Detectar quienes lo acompañan primero para nutrirlos, premiarlos y otorgarles todas las herramientas que necesiten para que ellos sí puedan influir al resto de la compañía y así ir cascadeando la comunicación.

Es importante que los integrantes de la red o también “primeros seguidores” sean cross compañía. Tanto de manera vertical: diferentes cargos a lo largo de la estructura. Como de forma horizontal con referentes de las distintas áreas de la organización.  De esta manera la red gana representatividad y esto permite tener mayor alcance, para comunicar y para destrabar nudos críticos o pequeños issues a la hora de implementar campañas o compartir información sensible.

Por último, la Red de facilitadores es una herramienta clave para edificar una cultura sólida desde las bases. Con reuniones informales, compartiendo información y no imponerla “desde arriba”.  Por eso en el contexto de hoy – la comunicación es una y no existe barrera entre comunicación interna y externa- la red es una plataforma para transformar, primero, a sus agentes de cambio y después al resto de la organización en verdaderos embajadores de la marca (afuera) y de la cultura de la organización (adentro).

Para que esto suceda deber haber por detrás, o mejor dicho, por debajo del agua, un trabajo arduo y constante para contruir una red capaz de transformar la organización y de construir una cultura de compromiso y comunicación. Pero como nos enseñó la imagen del iceberg, lo que no se ve, lo que ocurre por debajo del agua, es -también- muy interesante.

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