¿Viste cuando te gusta el color naranja? Tenés un montón de ropa de ese color. Aunque no sea combinable, aunque muchas veces te cueste conseguirla… De repente, llega el verano y el color de la temporada es el naranja. Y vos estás en tu salsa. Bueno, eso.

 

La tendencia es ahora lo que para nosotros siempre fue máxima: pensar la comunicación interna desde la cultura, como práctica social que sucede en la interrelación concreta de los sujetos que forman parte de una organización y que no se puede digitar desde afuera.

La comunicación es entre personas y se trabaja con y desde las personas.

¿Cómo es eso? ¿Cómo podemos entonces los comunicadores intervenir en una organización de la que no siempre somos parte y cuyas normas culturales y comportamientos nos pueden ser ajenos?

Bueno, para intervenir exitosamente tenemos que primero conocer a la organización con la que vamos a trabajar, mirarla en profundidad, analizar sus modos de hacer, las relaciones entre sus miembros, los discursos que circulan, los deseos y los desafíos que tiene por delante. Repasar su historia y enmarcarnos en las definiciones culturales que ya tenga.

Una vez realizado este diagnóstico podemos empezar a intervenir en las prácticas de la organización. Hablando en su mismo idioma. Dando respuesta a sus necesidades. Trabajando con los miembros de la organización y convirtiéndolos en protagonistas del plan de comunicación que ideemos y de todas las acciones que propongamos.

Tenemos que convencerlos primero de la importancia de trabajar la comunicación interna y comprometerlos después en la realización de acciones concretas. Son ellos los que van a llevar adelante la gestión. Nosotros, por supuesto, facilitamos las herramientas, el conocimiento, aportamos ideas, guiamos los procesos. Pero si los miembros de la organización nos miran pasivamente no llegamos a ningún lado. Necesitamos que se suban al nuevo ciclo que les proponemos. Necesitamos que actúen de una nueva manera.

Cualquier propuesta de intervención implica generar un cambio. No quiere decir que se trate de un cambio radical, ni que haya que dar vuelta la organización y hacerla toda de nuevo (sí sucede en algunos casos). Pero aunque el rumbo sea el correcto y los lineamientos se mantengan, el sólo hecho de intervenir en la comunicación interna para pensarla estratégicamente supone un cambio. Y como pensamos desde la cultura, ese cambio siempre es cultural.

Implicar a los colaboradores, generar instancias de participación, escucharlos, es la clave. Siempre lo fue. Pero ahora también es tendencia.

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